jueves, 14 de octubre de 2010

Sola entre espinas arrugadas

Por Leomas

En noviembre recibió claveles y se sintió una diosa. En diciembre le llevaron flores y se creyó muy hermosa. Llegó enero con carnavales y sólo bailo con otros por caprichosa. Entre las risas de mayo y junio, danzo descalza y aunque triste, algo dichosa. En octubre ramos brillantes de tulipanes y algunos lirios de dulce lino, mostraron cielos con melodías entre yeguas, matorrales y celos pero no divinos.



El joven que la seducía, bello, esbelto y buen galopante, a dos kilómetros de distancia vivía solo y sin amante. Sus padres adoptivos muy entrados en edad, estaban en fosas comunes porque no hubo ni para el pan. Un rancho de latas y cajas era su única guarida pero con plantaciones de coco, hortalizas, frutas, legumbres y vida.


Rosales, gladiolos y margaritas rodeaban al fuerte mancebo, claveles, lirios, tulipanes y flores en forma natural, estaban en los potreros con belleza sin igual. Su estancia no era gigante y algunos animales de cría, lo hacían ilusionar con hogar hacia una mejor vida. Lo más precioso que tenia, era un caballo de paso fino, con adornos y figuras que habían llegado desde el ocaso de las tierras de don Lino.


La estatura del jovenzuelo lo hacían galán de cine y su perfil citadino como si fuera un potro salvaje. Perlas eran sus dientes y labios de fresco sauce, lo hacían parecer a cuentos que nunca perecen sin aire. Estaba allí algo triste rodeado de pobreza, también de gente mezquina, de guayabos y cerezas. Al pueblo no habían llegado las cuestionadas costumbres sino las rectas y curvas hubieran tejido pesadumbre.


Todos los fines de semana después de largas jornadas, iba al caserío cercano para ver a su escogida amada. Ninguna lo miraba porque todas veían telenovelas, de esas que idiotizan aun a la misma escuela. Los productos los vendía en una plaza de miseria pero el alcalde del pueblo afirmaba que era la mejor en varias tierras. La casona de la esquina era su preferida y allí dejaba sus rosas y también sus ilusiones perdidas.


La bella estaba ocupada en otras cosas de mundo moderno y trataba de ganar al hijo del millonario Facundo mostrándole los senos y también haciendo turno. Sus compañeras la invitaban a reuniones, cantos y charlas, de vez en cuando un suspiro estremecía su cuerpo con ganas. Todas en coro hicieron gracia y se sintieron las mas hermosas. Entre murmullos y finas cremas, se dijo algo del sexo fuerte, mientras espejos y discusiones, llegaron lejos con nuevos lujos. Leyeron versos de amor maduro y varios chistes de nuevas salas. Entre risas y contradicciones, algunos vinos de los rincones planearon viajes y vacaciones.


Llegó a la puerta de su morada, ramos de rosas cada tres días y serenatas en los balcones que tejen sueños y nuevas vidas. Un ramillete de flores rojas con varias notas lanzó un suspiro y entre las rejas de la mansión murieron pétalos con buen retiro. Anillos nuevos mueven sus manos y varias joyas entre regalos. Ella los mira por vanidosa y aun cree realmente ser diosa, lanza un grito con desespero y cree que debe ser esposa de uno que le de riquezas y que no le maltrate los senos.


Su enamorado la espera afuera y ella se esconde entre cortinas, mientras la brisa de madrugada lleva al mozuelo a una cantina. Allí él disfruta de algunos besos de una chica sin experiencia y bailan juntos con las cervezas que lanzan piedras a los castillos y enderezan a desmanes y tristezas que no traen lujo. Caderas finas aquí se esconden dijo con ganas el campesino, orquídeas frescas que en la sabana he visto al aire y cerca a varios pinos.


Los años pasan como en molienda y aun persiste el beso rubio y dorado, lanzando perlas y esmeraldas sin la respuesta del mundo orgullo. Nuevas penas y amarguras lo llevan a ser un varón vagabundo. La mujer que se cree elegante sigue volando buscando amigas y ciertos refugios. Entonces piensa el gran muchacho en tomar un nuevo rumbo y declara amor eterno a la mujer que baila con ganas y que en esas madrugadas lo arrulla como dama. El no regresa a los desprecios y se olvida de los insultos. Ella ama a los otros y deprecia a los pobres que no regalan oro ni lujo.


Llegó febrero de un nuevo año y hay jinetes que marchan juntos, llegaron novios con risas frescas muy de mañana era domingo. Hubo fiesta como en la feria y todos ríen al buen marido. Gozan, saltan y bailan juntos aumentando el buen consumo. Llegan poetas y escritores a contemplar el mejor idilio. Hasta los policías del pueblo que no habían ido al burdel, saben que esas caderas son de diosa y también de oropel.


Y entre las mujeres pueblerinas hay chismes y comentarios. Se dice afuera que un potro joven se ha casado dentro de un establo. Todas critican y siempre ríen pero están solas, amargadas y sin quien las cuide. Ahora cambian de estrategia y dicen que ellos son tontos y que escogen entre las cosas la peor con historiales de uso y pocas moralejas. La bella que no es esbelta lanza al aire cantos y notas y hace saber que la suerte a ella no importa ni le vale.


En septiembre arribó un carruaje que trajo a un hombre de traje fino. Hay una dama que mira lejos como buscando diamantes y bellos lirios. Hablaron poco porque en sus manos traían un mapa señalando un solo camino. Vienen en busca de una doncella que habían perdido por el destino y por las señas creen ahora que ella se ha casado con un pobre campesino. La prensa amarilla logró regar la noticia, de una mujer prostituta y sin nombre, que embrujó a un pobre diablo y buen iluso. Los ineptos periodistas lanzaron pedradas grotescas a las mujeres que se casan por estar enamoradas pero la misma y cruel noticia desenredo la madeja.


La caravana trae hombres que cuidan a la pareja y llevan armas y carabinas porque es una tierra de buen peligro, de muchas espinas y disputas viejas. Son policías de alto gobierno que llegan fuertes haciendo ruido. Traen consignas y documentos para aclarar ese nuevo lio. Todos están sonrientes y han caminado por el valle del inmenso rio. Ven lejos a la distancia una casucha destartalada que hace sombra a un bello sol escondido y en donde se ven las ramadas.


Salen mirlas cantando alegres de los plantíos y sobre los grandes frutos hay azulejos que lanzan cantos junto a un coro de aves salvajes que se unen en un solo ritmo. Hay nueva fiesta entre turpiales y un chupaflor hace temblar de risa al medio día con néctar de buen paladar y aleteo fresco hacia un nuevo panal. El caballo joven del buen esposo ve a los lejos un gran gentío y piensa que algo raro está pasando o que él está dormido. Regresa rápido al rancho pobre con cierta duda de estar soñando y entrega flores a su belleza que esta juiciosa cuidando al hijo.


Desde el potrero de los arbustos, un teniente lanzó un fuerte grito y dijo saber que el buen muchacho se robó una joya y buen partido. Hemos venido a clarificar un rumor del viento y un asunto que arreglar porque chismes se han tejido. El mozo no entendió aquellas palabras y miró fijo a los desconocidos y sólo dijo: Yo soy pobre y lo más valioso que poseo es una flor que entre los lirios cambió mi vida y ahora me ha dado un hermoso y bello niño que llegó con manantial a mi pecho sufrido.


Bajó la dama en hora buena y miró al joven con acertijo y lloró lágrimas con emociones que nadie entiende porque no hubo frio. Su cara es bella señora mía dice angustiado el jornalero, hay algo en su mirada que pone a todos entre el suspenso de buen comensal con anhelo. Mientras tanto la bella esposa sale en busca de su delirio y siente algo raro entre sus entrañas y cree estar de nuevo esperando otro hijo.


Estamos aquí entre los sucesos y venimos en busca de algo perdido. Hace 29 años una bella niña mientras viajábamos en un navío, fue arrebatada por huracanes que junto a vientos del mar bravío, hundió la nave cerca a la playa y se extraviaron muchos niños. En la misma confusión, la odisea dejo muertos y heridos pero algunos afirmaban en los hospitales, recordar que varios habían nadado hasta las orillas de la playa encima de troncos heridos. Hay relatos de padres adoptivos que se escuchan en salones y reuniones de la arrogante sociedad, que en el buque no encontraron las pequeñas embarcaciones que se usan para salvar y remar.


Mi esposa dice mientras duerme palabras lindas y buen arrullo. Al otro día no recuerda lo que ella siempre exclama entre dormida y despierta del zumbo. Nombra a mamá Clara y a un tal Don Samudio, dice que ellos son sus padres y que trabajan con telas y algodones e hilos finos. Ella mayor tres años de este pobre hombre que esta feliz porque vio nacer a su primer y hermoso hijo. Yo estoy asustado y creo que es locura por el martirio que tuvo, sus sesos pueden estar tejiendo mal de augurio.


Esta bella esposa mía fue violentada por hombres, damas miserables y por el mismo destino de no poseer un apellido. Hoy vive aquí sin tener riquezas bajo este amado que agradece tener esta fortuna que llegó como manjar caído del ancho velo a esta casa que renació como si fuera un embrujo. La primavera ha sacado flores que están en todos los caminos y aquí se escuchan canciones que llegan con éxtasis a este corazón que estuvo muy adolorido.


Y tu muchacho de donde eres y quien te trajo a este mundo dijo Don Samudio. Vivo aquí mis 29 años. Soy un solitario y estaba indefenso sin rumbo. Mis padres me recogieron de una playa del ancho rio y ellos afirmaban que me rodeaban maletas y varios bultos. Ellos me criaron porque estaba perdido debajo de las tablas de un barquito hundido. Estaban viejos y hoy sus cuerpos están aquí en esta parcela pero ya no tienen frio. No tengo estudio eso es muy cierto. En estas tierras nos desprecian pero me gusta hacer navíos. Somos muy pobres y los profesores del caserío nunca me recibieron porque no tengo ni registro.


Muchacho bello, ella es mi esposa Doña Clara y yo soy Don Samudio. Ella su esposa es nuestra hija y hoy es la esposa de ti y llegas como uno de mis hijos. Te has ganado una bella rosa y ella es pura y así serán tus hijos. Tú eres hijo de un gran hombre y él es el fabricante de los modernos navíos. Tu padre vive al igual que tu madre con mansiones, empresas y extrañando al hermoso perdido. Enseguida avisamos por banda ancha y banda corta que viaja con nosotros el sistema, por los nuevos inventos y dicen que por los científicos.


El jefe de los militares saco un radio de buen estilo y llamó a otra parte dando nuevas noticias e informaciones de los hechos del naufragio que fue suceso del último siglo. Mientras los padres de la muchacha abrazaban a los tres como verdaderos hijos. A la parcela llegaron todos los amigos, vecinos y campesinos. Trajeron guitarras, tambores, ollas y se armo un gran día festivo hasta con arpa, maracas y mozos con sus tríos. Algunos estaban tristes porque el trabajador de la choza ya no volvería a cultivar mas lirios.


Sobre al aire del firmamento tres helicópteros hacen gala como buenos padrinos y el ruido de sus motores despertó a los citadinos que se creían de plaza gigante y de linajes encendidos. Bajaron los vehículos como remolino en busca de otro de los hijos perdidos. Un hombre alto bien parecido es el primero en asomar el cuerpo bajo los vientos que deja la potencia y el mismo ruido. Una dama de sonrisa bella también llega bajo los círculos del viento en busca de su primer hijo.


No hay duda dice la chica los dos son muy parecidos. Hay carpas improvisadas y comidas para todos los vecinos. La nueva gente trae consigo hasta políticos, periódicos y periodistas que jamás allí habían ido. La orgullosa se enteró a la hora del suceso y fue en busca del joven que durante varios años le regalo rosas y perfumados lirios. Ella le negó los besos y también hasta el saludo porque su enamorado no tenía buen apellido y nada de lujos.


El caballero al verla le dijo de esta comarca siempre las cortaba pero ahora todas son para mi esposa y también para mi hijo. No te preocupes, te he perdonado cada desprecio y hoy no tengo nada en contra de tu destino. Mire a quien encontré que feliz me ha dado un chico. Ahora tengo una familia muy numerosa y sin saber hasta mis verdaderos padres han aparecido. Tengo nuevos planes y un nuevo brillo. Pronto todos nos iremos de donde nunca debíamos haber salido. Te regalo esta parcela para que recuerdes las flores y los versos que te lancé adolorido.


La pareja dejó la finca y se alejaron para siempre del caserío. Hoy la ventana esta muy sola y las cortinas de la orgullosa se han destruido. La dama aunque es juez del pueblo de vez en cuando camina hasta el viejo plantío. Ella mira las flores y tulipanes y aun esta sin marido. Sabe que sus arrugas no llegan solas, lo mismo que los buenos fríos. La plaza de mercado ya no vende rosas porque el turpial dejo solo a los plantíos. Hay vagancia en los muchachos entre el viejo gentío.


Cada atardecer lanza un grito la dama envejecida y piensa que sus varones se fueron al mundo perdido. Mis ilusiones fueron de paso y no aprendí a plantar como mi enamorado amor campesino. Sola piensa la dama elegante con los años que la han envejecido. Es demasiado tiempo que no aparece ni siquiera un mirlo. Mira hacia el horizonte a ver si por lo menos ve un ancianito perdido.

jueves, 7 de octubre de 2010

PRIMAVERAL Y ANTES DE NAVIDAD

Por Leomas

Recuerdas que había mariposas sobre el firmamento de aquellos hermosos potreros que vieron correr siluetas entre árboles testigos de los primeros besos. Hubo música con melodías entretejidas de reclamos en el primer atardecer. Ellos danzaron inocentes con aquellos tambores que dieron vida a quien mas tarde seria testigo del romance que nunca envejeció. Era jueves de trueque y juegos. Los campesinos alistaban canastos y costales mientras los protectores creían que se perderían debajo de las piedras del rio cristalino del paisaje y sobre los frescos musgos que se habían apostado en los caminos. El tiempo no se detuvo sobre los rostros de quienes sembraban historias de soñadores. La seguridad y los guardias de la hacienda fueron en busca de los dos hermosos cuerpos que saltaban como chispas de fogatas encendidas. Sintieron pasos de caballos galopando sobre la hierba húmeda y jinetes que gritaban como soldados al aire del compinche de la luna.


Hubo desconfianza de los jóvenes entre los intrépidos obreros que cumplieron órdenes a quien le prohibirían acercar la libido a la orilla de la quebrada. La anciana mujer de la cocina dijo haber visto muy cerca al visitante debajo de la acacia y sobre la roca gris que los llenó de lozanía y éxtasis en cada sollozo con abrazos. Solo la risa pudo calmar la tristeza de quienes creyeron cerca un secuestro. La noche no dejó conciliar el sueño a los inexpertos. Los juveniles tejidos musculosos se acercaron como fina red de hilos dorados irrompibles hasta el amanecer aun entrando el sol de la nueva mañana. No hubo cenizas almidonadas sobre las rocas.

Aquel ruiseñor estuvo muy cerca al arrendajo prendido de silbidos y cantos. Miedo sintieron de cada caricia que salía como relámpago de nube para lanzar chispas de diamantes y perlas, que parecían como dentadura fresca y descontaminada del ruido de la metrópoli de donde se habían transportado. La sonrisa aun ilumina la galaxia con los hermosos dientes que hicieron tejidos brillantes y remolinos sonoros al paso de corrientes celestes que llegaron nuevas para la añoranza. Aun llora la partida de ese medio día cuando el tren los regresó al cotidiano trajín de temporada y los lanzó sobre arbustos envejecidos por la tristeza de las tunas y bisontes. El profesor de matemática dijo que el lirio había llegado diferente esa semana al caer sobre las sillas ciertas flores amarillas de una hermosa enredadera que quiso denunciar que algo corría debajo de la calzada y sobre el ventanal que mostraba alegría de venas y arterias como en las mejores subastas.

De nuevo llegó el fin de semana casi que retrasando las horas de los paseantes. El reloj les ayudó a construir risas que rompieron el silencio del mundo desconocido. La casa sobre la planicie campesina gritó de algarabía al ver llegar de nuevo a quien empezaba la jornada sin aventura. Algo muy fuerte recorrió cada milímetro de carne y sobre los huesos. No hubo maestro para entender eso que estremecieron las dos siluetas. El mayordomo los condujo al establo para luego salir a trote sobre el cenizo y el azabache. Los dos juntos parecían volar por el aire como locos enamorados que tejen aromas y perfumes de añeja primavera. Construyeron un futuro en menos de una hora y se vieron en la cúspide de la montana a donde sus parientes no querían regresar por miedo a otro tipo de conflicto. Los caballos unían sus lomos al galope con la brisa y las manos se juntaron como tormenta de agosto en cada molienda. El anciano responsable del cuidado expresó que debía ir una de las yeguas en el próximo recorrido sobre la sabana para no alterar brisas y vientos que bajaban como relámpagos sobre los arrayanes.

Siempre que hay fiesta alguien interrumpe el idilio de los audaces como si magias grises aterrizaran sobre calzadas y desiertos. El pedazo de metal saltó por el aire debajo de los cascos de la yegua rojiza y pegó el impacto sobre la hermosa ceja que se había tejido con filamentos de zafiros y finos arbustos del selvático roble. Cayó sobre la piel sangre fresca y rozagante que asustó al de los besos. En suspenso logró pensar en la defensa. Uno de los cuerpos rodó sobre la pradera mientras el otro vio como tenue y encanto su amor como lava de volcán en un instante revolcarse sobre el césped. El caballo frenó en contravía dejando ver la fuerza de cada brazo. Creyó ver un cadáver en el suelo pero era mentira porque un beso despertó al moribundo enamorado que saltó adolorido como sombra.

Regresaron con sangre en sus trajes de nuevo a las plantaciones que estaban esparcidas entre cítricos y mangos. Los trabajadores se asustaron y se armaron porque temían a la chusma que acostumbraba a robar el ganado y escogían a los terneros que crecían entre las ramadas. Desde entonces los asesinatos estaban entre los indefensos. Las balas aparecían como luz y sombra cada instante. No fue grave pero era de cuidado cualquier ruido extraño. Al llegar la noche el rio sirvió para transportar en un pequeño barco destartalado al enfermo que huyó de la inexperiencia en brazos de un amor que empezaba con paso de león rugiente. Fue afortunado porque a su lado estuvo quien veló aun hasta la camisa que había cambiado de color entre escarlata y verde.

Es cierto que se amaron y no hubo sino un solo romance como de película fantasiosa. Se impregnaron los amantes de valentía y dejaron que sus fuerzas se fusionaran en secreto con las tardes. Besos que se multiplicaron cada día y caricias que estuvieron cerca en cada noche con encajes que llegaban entre quejidos, besos y apretones de los dioses. Nadie supo porque hubo peligro de parte y parte. Jamás se separaron entre la vida, las ansias y la muerte. Crecieron juntos como los arrayanes cerca a las cementeras con flores y sauces.

La familia se interpuso entre los dos al saber que dos razas distintas no debían amarse y menos de diferentes clases. Hubo tristeza al saber que al millonario lo sacarían de la nación para evitar roces con el torbellino que se formó alrededor de cada pétalo y gladiolo. Los adultos creyeron que era la mejor solución para truncar las caricias y los golpes de la brisa sobre aquellas curvas que dejaban los eucaliptos con cada sombra a su paso. Los dos no aceptaron decisiones erradas de los envidiosos. Salieron huyendo y corrieron a otra ciudad lejana de la urbe que los recibió con encanto sobre los parques. Se refugiaron trabajando en nuevas aventuras mientras se seguían adorando. No hablaron de amores y cerraron sus secretos con los claveles del lejano monte. Simplemente sin prisa se quisieron entre sigilos y remansos. Como rubíes brillaron cuando el sol salía. Hubo esmeraldas entre las sonrisas de cada noche.

Cinco años duro el perfecto romance entre los vientos huracanados con nuevas junglas. Se alejaron de su gente y de sus pueblos. Estaban siempre juntos como trenzas amarradas y libres como aves de la selva. Aun eran muy jóvenes pero aprendieron a quererse. Los otros se imaginaban que eran una sola familia con quienes compartían los cristales y las luces. La belleza permaneció en ellos como ángeles que no envejecen. Un fuerte amor entre todos los amores hizo clarear aun los anocheceres. En cada minuto nunca faltaron los besos. La noche era un nuevo amanecer de éxtasis y sueños, dejando caer roció sobre telas que humedecían hasta los laureles de la autopista con sus lirios.

La empresa llamó para decirle que el amor de su vida estaba en el hospital agonizante varias horas. Su intrépido tigre se había desmayado al caer la tarde del ocaso sobre las baldosas del laboratorio. Le dijeron que estaba silencioso sobre una cama de tejidos transparentes. Que no hablaba. Corrió como potro y voló como águila en busca de su amante y vida. No fue fácil verlo tendido entre aparatos y lámparas que se apagan en minutos. Allí estuvo sobre los bordados su media naranja como si fuera una pesadilla. El médico simplemente dijo: “hace tres horas está así y no respira”. Lo tomó por la cintura y frente a todos le declaró su amor eterno sin contratiempo. Aun sus manos estaban tibias. Lo besó con suave ternura como la vez primera. Guardó silencio y metió su deseo dentro de una nube azulosa que aun recorre cada día todo su cuerpo.

También quiso matarse. Sin llorar pensó que había algo sobre los claveles que nunca iba a entender aun entre las orquídeas. Las rosas se marchitaron desde entonces y los perfumes se evaporaron al lugar de mansiones gelatinosas. Por fin lágrimas pesadas rodaron por sus mejillas mientras los padres llegaron para presentar nuevos suspiros entre la tragedia. Metió cada beso dentro de mudo nicho. Guardó con cerrojo de oro el crisol que no había envejecido desde aquel amanecer. Luego lanzó un pequeño grito aterciopelado que estremeció la tristeza de los arrendajos. Hoy es de madrugada. El conserva la risa de su romance como el encaje de su camisa. Tiene el corazón partido y sangra con gotas reemplazando cada lágrima. Lo ve llegar en sueños y permanece solo desde entonces esperando un nuevo encuentro. Dice que en cada madrugada hay una risa fresca y placentera que lo transporta a contemplar los mismos besos.

viernes, 6 de marzo de 2009

LA PERRA CHANDOSA

Por Leomas

Ella dormía debajo de aquello que fue un puente. Su estómago estaba tan inflado que daba la impresión que la cría iba a ser numerosa. Hacia dos años que no se bañaba y su pelo estaba greñudo. Daba la sensasión, haber salido de un basurero en guerra.

De pronto vió a lo lejos a un elegante gato que se lamia elegantemente su pelaje. Penso: "Oh que gato tan lindo, pero es orgulloso". La perra sin fuerzas para levantarse lanzo algunos quejidos. Esos llegaron hasta el gato y en forma cortez y valiente, se le acercó con disimulo a quien sería madre en ese amanecer.

El gato no le pregunto su procedencia, Simplemente la miró con mucha dulzura y le dijo: "¿Desea gran señora, ir a mi casa a tener un parto feliz?". La perra lo miró con desprecio y se hizo la muy inteligente. El gato le volvio a insitir. La perra le hizo caso al gato. El gato se las ingenió y como pudo, llamó a varios amigos gatunos. Entre todos la subieron a un costal de seda. La ambulancia gatunesca la llevó a un palacio que habia sido abandonado y que era la casa de los gatunos y gatunitos.

La perra se instaló en la nueva casa. Ella se sintió princesa. Los gatos la bañaron con Shampoo perfumado y flores de azahar. Lociones y aceites finos cayeron sobre el mugre de su cuero. La pobre y fea perra se convirtió en reina y dama. Con buena comida y la comodidad llego por fin a su espinazo.

Un gato médico atendió el parto. Poco a poco los críos se fueron aumentando y 14 cachorros de buena raza llegaron a ocupar la casaquinta invadida por los gatos.

La perra se sintió doncella y ya no comía lo que le traían. Sólo pedía sopa de pollo y satines finos para dormir y vestidos de lino.

Los gatos y sobre todo el gato mayor, le hacía caso y la reverenciaba. Despues de tres semanas la malcriada, era elegante y caminaba como quinceañera. Los hijos perrunos, poco a poco se acomodaron en las camas de los gatitos.

Los pobrecillos, debian dormir en otros aposentos y la mayoria lo hacía en la calle o debajo de los arbustos.

Los cachorros fueron creciendo y cada dia desaparecía un gatito de los bellos. No se hicieron investigaciones, porque los gatos que atendian la justicia, estaban enamorados encima de los tejados.

Los jueces entre lo gatos, gozaban de vacaciones. "Como de costumbre en el palacio", alguien dijo. La perra ya daba ordenes gobernando todo. Los pobres gatitos se fueron saliendo de la casa, mientras los mas educados, seguían obedeciendo a la perra.

Oh que dicha, dijo la perra, ahora soy la dueña y señora de este palacio y tengo mis esclavos y todos estos gatitos, deben ser mis criados y sirvientes.

El caballero gato, una noche hablo con la perra y le dijo: "Quiero esta noche que recuerde, que la justicia estuvo cerca de su cría y que aqui le alimentamos y le dimos albergue".

La perra ladró como nunca y con su bocota, casi se come al gato manso. Los gatos se revolucionaron con fuerza. Se unieron a otros amigos gatunos y entre todos sacaron de la lujosa casa escarpada a la perra con su perros.

Desde ese dia los gatos ya no casaron ratones y disminuyó el trabajo. Muy cerca a una montaña, los turistas encontraron unos huesos de cadaver.

Al investigar y ver los esqueletos, alli estaban: 14 cachorros de perro, un esqueleto de perra flaca y uno de un hermoso gato.

ADRIANA MI HERMOSA GITANA

Por Leomas

Tu familia vive en la carpa. Tu piel es bella con ganas, tu figura es de fiesta y estas como las mejores gitanas. Tienes quince cumplidos. Me dijo ayer su hermana. Ella afirma que los dos podemos ir a la cima con ganas.

Porque corres por los aires y prohiben que te hable de nacar. Porque oigo tus voces, en el cuarto de mi vida temprana. Escuché el canto de Renzo y su verdad llenó todo mi sueño, lo vi allí junto al carro. Su cuerpo estaba frío junto al tuyo.

Gitana de mis amores y de mis tiernas mañanas, gitana que te recuerdo siempre en las madrugadas. Gitana que llegaste a mi espacio, toda vestida de seda, gitana de mi fragancia, estuviste como un ensueño encendido. Gitana allí ¿Dónde estas hace frío?

Los montes de tu Pamplona, recuerdan ese tu aroma, los árboles de la loma hacen vibrar la ventana. Hay una puerta cerrada con fino cerrojo de oro y hay un candado en mi vida, que no deja que otra te espante.

Ayer hace ya varios años, reías en los atardeceres, hoy eres sol resplandeciente el que hace reir mi recuerdo. Adriana de mi mañana, porque no volaste conmigo. Adriana de la fragancia, porque no escuchaste mi ruego y no hubieras ido.

Nos alejamos para siempre como dos horizontes perdidos, nos amamos como novios y como claveles encendidos. Las voces siguen igual como las rocas del viento. Las piedras llegan allá, a esa cruz incrustada. Hoy quisisre decirte que la fiesta inicia radiante

Los dos estábamos allí y ellos cortaron las rosas. Los claveles dieron al aire su aroma. Adriana mi gran gitana ahora estás en ese muerto nido. Adriana en todo este tiempo te espero y no he dormido.

Adriana porque te fuisteis allá donde yo aún no he ido. Adriana de mis recuerdos, hoy sigo esperando con mi amor escondido. Adriana es bello tu nombre pero mas fresco tu rocío.

martes, 24 de febrero de 2009

EL OTRO CUENTA FELIZ SU INFANCIA

Por Leomas

Todos como el viento quedaron por fuera de la gigante casa. Sobre la calle La bella mansión cerró sus puertas para siempre a sus inquilinos. Cada cual a solas buscó una nueva morada en medio de tempestades. Al final de la pubertad el colegio y los amigos no entendieron aquello que pasaba. Nadie se enteró por la distancia entre las estirpes. En forma hermética aprendieron los niños a guardar silencio y a no quejarse frente a nadie y nada. A la intemperie y como unos más de los desamparados, salieron en busca de la primera aventura de vida y de una nueva almohada. El progenitor tomó una medida muy drástica por buscar amor entre faldas moderadas. El hambre y la falta de recursos económicos de los pequeños fueron testigos de la retirada y del atropello. Las mariposas de Agosto acompañaron la caminata. Los rústicos baúles de los remiendos guardaron para siempre la nostalgia. No hubo lágrimas y no había quien los mirara.

Los pisos estaban sólo en tierra y los murciélagos los visitaba. Los ranchos de Margarita y Ofelia llenaron de familiaridad el retoño de lo insólito como encanto en esa retirada. La rosa blanca de la mañana hizo brillar las ideas y los nuevos proyectos improvisados. El sueño llegó hasta el futuro que no se esperaba. Hoy a todos les produce risa el suceso. Les causa añoranza no pisar de nuevo las "Aguas Claras" y el Río de la Magdalena con su ciénaga que los observaba. Ellos jamás volvieron a ver los claveles del patio de los Montoya. Los vecinos sólo reían del acontecimiento a carcajadas. Las flores y los retoños quedaron como chamizos sin su fragancia. Los aromas de la primavera se estancaron como fuerte verano de asonada.

Uno por uno de los parientes y conocidos se fueron escondiendo de la pésima jornada. Los más cercanos se hicieron los de la “gota gorda y amarga” como una marranada. Ellos eran adolescentes y salieron sin nada. No hubo ayuda para sembrar de nuevo la palmera frente a la puerta principal o para mirar por encima de la tapia de los Díaz. Jamás volvieron a escuchar los golpes en el techo que eran producidos por las piedras que lanzaban los "Vanegas" sobre el tejado y esos grandes muros. Lejos de la comarca todos recordaban la llegada del “lechero” o del vendedor de fruta cerca al cartero. Los limones ya no fueron testigos del fuerte sol sobre la pradera con olor a petróleo.

Cajas y maletines viejos estaban al lado de las pocas pertenencias. El sol diario de la mañana se oscureció por varios meses en esas trasnochadas. Corrieron a refugiarse a casonas pobres y extrañas y a mundos que ni los arbustos acostumbraban. Los baños de la modernidad no existían y la regadera era una destartalada. La "totuma de guarapo" regalada por los fanáticos a la doña, hizo de ángel guardián en la historia narrada. Tortas de amor con chicharrón y agua de panela, llenaron el estómago de los pequeños. El paisa de los dulces quería llenar de placer su propia aventura pero se impuso la fragancia de la templanza. Hubo pureza y brillo de encanto en el suelo de los matorrales de la pequeña quebrada.

La campana del Colegio sonó muy triste cada día sin sus viejos alumnos. El joven ruiseñor dejó de cantar en la ventana añorada. Venas y arterias bajaron su energía y hubo fiebre que causó revuelo. Los alimentos escasearon por varios meses sin quien trabajara. Los niños iban en busca de comida a una estación en donde el tren nunca pasaba. La pobreza de los obreros con sus fuertes jornadas llenaba de confusión la geografía entre cortada. El despiste de lo inesperado era música como serenata. Hubo noticias y esas crearon confusiones en las mentes doradas. Nunca perdieron el abolengo de su raza. La sangre real de los cuentos, llenó el vacío de los desvelos. Había claveles rojos y morados por todas partes donde caminaban. Esos llenaron de belleza el paisaje de la ramada.

Llegaron las vacaciones y el mayor tomó una fuerte e incomoda decisión. "Debo abandonar esta urbe" –dijo- y salió rumbo en busca de solidaridad a la "ciudad frontera". Un bus viejo y raído lo llevó al final del túnel que se iluminó al llegar a su destino. El hubiera querido que sus hermanos menores lo acompañaran. Fue rápida la acción y no hubo tiempo para pensar en lágrimas. Fue bien recibido por una diosa llamada "gata" de rojo escarlata. El esposo también aportó al visitante con sus juegos y bromas que llegaban hasta la “pista”. Las calles de la nueva ciudad estaban mal pavimentadas. La luz de la vida y de cada estirpe estuvo lejos de los rincones de los negocios. Se estacionó la primera motocicleta en la puerta principal del huésped en la navidad hospitalaria. El viajero se subió con fuerza de lobo experimentado sin saber nada. Esa hizo su agosto dentro de la exploración como antesala a quien complace la nada.

El pequeño vehículo frente a la ventana sorprendió a los parientes. Simplemente el pasajero alzó su mano derecha para despedirse sin importarle nadie. No era precisamente una princesa quien lo transportaba. Su figura de hermoso león de fuego lo hacía parecerse a esos de los cuentos de hadas. La escena se repitió cada noche y la oscuridad de la "quinta" y "sexta", hacían que los besos llenaran el vacío con más hechos de éxtasis con cristales de azahar. Caricias y suaves mordiscos eran de danza en algunas madrugadas. La brisa de "Los Alisios" refrescaba la aventura como una telenovela escriturada. La altura de quien conducía, estaba por encima de la carretera y del canal que de la Avenida de la indisciplina llevaba al Zulia y al Río de la mudanza.

Aquel Diciembre fue de resplandor. Los vinos y el contacto con otros adolescentes, hicieron llenar de fantasías los días, tardes, noches y hasta las mismas carcajadas. Todo era un sueño entre la realidad y la esperanza. Sobre la calzada en la misma vía, quedaron las sillas fabricadas en mimbre y aluminio. El beso de ese primer amor de enamorado en la madrugada y la cocina de Rosa, guardan hoy el mejor de los recuerdos. El mayor de los invitados se hizo el “de las gafas”. A él también lo llenaron de besos y caricias y fue precisamente la mejor de las miradas. El cuerpo despertó su apetito lívido dormido en el indefenso combate. La música llegó de México y su intérprete estaba a la moda. La fineza en cada movimiento del artista, hacía dudar de la tradicional costumbre engalanada.

La “plaza de mercado” ofrecía la mejor de las mesas con su culinaria. Sobre las esquinas de las avenidas estaban cada tarde las mujeres con ollas improvisadas, ofrecían “fritanga” de cerdo y res. Seguramente los bailes y cada esfuerzo, llevaban el colesterol lejos del cuerpo de los romanceros. Al caer el sol todos llegaban allí a saborear la comida criolla. Tomaban jugos sin control de los grupos de higiene y no pagaban impuestos. Estos llenaban de alegría la vida y la juventud galardonada. Algunos comían el “plato de gallina criolla” o el famoso pezcueso relleno de esos que nunca faltan. Como siempre quienes no tenían dinero no saboreaban nada.

Cada día sumaban los mejores cuentos de la época. Hoy ellos no se arrepienten. El néctar de los besos de adolescentes les hace vibrar la sangre de los guerreros y mancebos de lo inesperado. Las rifas y los espectáculos eran parte de la historia. El protagonista aprendió a conocer los cosméticos costosos y perfumes. Los fines de semana se entraba a los organizados prostíbulos existentes sobre todo el de las “muñecas”. Las convencía a todas y les ofrecía el mejor de los productos que ellas en silencio y fino tacto compraban. Uno y otro “muñeco” también los adquiría. Todos pagaban con dinero extranjero. El valor del producto y cada ganancia iban a servir de acicate para las lociones, ropa fina y viajes del aventurero. El billete hizo fiesta en los pantalones. La suma del dinero estuvo colocada en una pequeña cuenta bancaria que el tiempo ha borrado porque no existía el computador.

Se inventaron muchos viajes y recorridos a varios municipios de la estancia. Al lado de las ventas, se llevaba ropa de baratija y era revendida en las calles como subasta. Calzones, sostenes y faldas de niñas y de damas se ofrecían en cada pueblo. Las manos y las voces eran rápidas como las gacelas. El águila estaba celosa porque había competencia y ganas. Algunas chicas también se beneficiaron de los músculos y uno que otro campesino gozó con el producto. También brilló la inexperiencia con las incógnitas reservadas. Los buses de la época eran tan lentos que los brazos de los chicos como pájaros, estaban siempre por fuera de las ventanillas cerca a los grillos, agarrando las ramas de las plantas que allí colgaban al lado de las carreteras que parecían “camino para mulas”.

Una tarde en el pueblo vecino de la otra nación, apareció un amigo pariente de la familia del jovenzuelo e invitó al protagonista a la ciudad del "Centro". Allí se movió y olvidó los amores fronterizos y llegaron otros entre los libros y la excelente mesa. Había distancia entre el lugar y el nuevo colegio. La camioneta negra estaba segura de llegar diariamente. El joven de raza negra y de apellido "Ángulo", era el más cercano a la mirada del “ahora con mansión”. El calor fuerte de la tarde lo dejó sin complacencia a la propuesta que le hicieron debajo de los árboles de matarratón.

Todo se convirtió en un hermoso idilio para el mozo. El baile, las ventas y el vino se transformaron en convento. Cada día en la madrugada era feliz llegando al recinto sagrado, para ayudar dentro de la Santa Misa. El sacerdote Gonzalo, era uno de los santos que el joven admiraba. Su fuerza de misionero estaba por encima de la organización religiosa. El año se pasó volando como águila para todos. Al llegar la segunda navidad estaba de nuevo fuera de casa paterna del adolescente. El corajudo infante pensó irse para una urbe más grande. Todo estaba listo y las notas del colegio fueron sobresalientes. El presbítero quedó feliz del muchacho y le aconsejó ir primero a una ciudad más pequeña antes de mudarse a la gigante plaza.

El oscar llegó como amigo desprevenido a la urbe. Los dos empezaron a ver la vida diferente. Hoy es rutina en cada jugada. Si se repitiera la circunstancia detendría el sol de la raza. El no cambiaría el lujo de lo moderno por la risa suave y la dicha que produce la memoria del regreso. Cada camino es un recuerdo y cada hecho llena de placer la nostalgia.

Hoy todos siguen en la jornada. Un tercero cruzó el mar a mucha distancia y aún no se sabe de él nada. Es la vida, es el suelo y es el canto que alguien nuevo escucha sin fragancia. Jamás regresará la juventud, eso es lo de menos dicen quienes tratan de vivir felices como el viento. Lo más fuerte es haber estado todos en un mismo suelo con dicha, en interrogante y sin casa.

sábado, 21 de febrero de 2009

ASESINATO EN LA CALLE 14

Por Leomas

Eran las 12.00 de las noche cuando empezó la balacera. Un grupo de hombres armados con pasamontañas y ropa ligera dirigió la matanza. Los transeuntes nocturnos quedaron asustados y la sangre sobre el cemento dejo un mapa de venganza.

Cayeron 7 mujeres y 5 jóvenes en la cancha. El fotógrafo reconoció a tres de los cuerpos baleados. La prensa distribuyó la noticia escasamente sobre la mezquina danza. Los políticos se reunieron para asumir el control pero a distancia. El Alcalde bajó la cabeza, mientras el juez interrogaba y el teniente del sitio gritó con hipocresía, en forma desesparada.

Las autoridades concluyeron que eran fuerzas extrañas. La gente del pueblo decía: "Todos son sicarios de esta misma comarca". Algunos casi en silencio y con disimulo gritaban: "A esos los llaman mano negra y ninguno tiene fragancia".

Las funerarias abrieron su propiedad y los gastos sin piedad tocaron todos los bolsillos. La Primera Autoridad aumentó con farsa sus recibos. Gente de varios lugares llegaron al mismo entierro. Todos en caravana, desfilaron como en destierro. Rosas de varios colores y frescos claveles sin gracia, hicieron gala presente con traumas, congojas y trampas.

La multitud consternada oraba con rezos y alabanzas. El cura del pueblo gemía demostrando templanza. Los mas listos sabían quienes habían disparado. Para no meteresen en líos se fueron a sus arados.

Los estudiantes miraban los cuerpos y estaban muy destrozados. La gente de la población denunciaba: "conocíamos sus andanzas". Eran homosexuales y ellas mujeres de vida y elegancia.

En las noches los culpables repitieron sus crueles y bajas hazañas. En las paredes del centro, los valientes muchachos a las escondidas, escribian los nombres del grupo que asesinaba cada partida. Los asesinos se reían llevando la noticia a los autores y el vino de los señores, se regaba con panes finos.

Los pobladores con verguenza, sintieron temor en las esquinas. Los prostíbulos cerraron por prevención sus cantinas. Los celadores en fila se uniformaron como gorilas y los periodistas como de costumbre guardaron con egoísmo la información.

Cayeron varios muchachos bajo las balas de plomo. Los nombres de varias damas, hoy están en la lista de los tomos. Los libros se fueron llenando, mientras la impunidad reinaba en la patria sin seriedad.

Una noche los perversos, dejaron un gran vacio y sobre un pavimento cayeron 35 muertos y 100 heridos. Todos hacian vida nocturna y algunos desentendidos, que pasaban por el lugar algo desprevenidos.

El teléfono del Juez sonó muy en la madrugada. La voz le dijo con fina pausa: "Su hija ha sido asesinada". Los altavoces del cuartel llamaban al teniente con buena panza, para darle la noticia que su hijo de 18 años, falleció en la matanza.

El Alcalde no se escapó de la misma llamada. Su esposa le comunicó: "nuestra hija fue masacrada". Los asesinos llegaron alegres antes del canto del gallo, para pasar su parte de victoria a sus jefes en finos caballos.

Esta vez las emociones no lograron su fin. El grupo enloquecido empezó un nuevo pazquín. Como culebras heridas se hicieron cruces de dolor. Uno desde otro salón empezó una nueva y cruel balacera.

Cayeron los encapuchados muertos como cucarachas de plaza. Sus sesos quedaron esparcidos por metros y a la distancia. Entre los mismos asesinos se mataron a quema ropa y las pistolas brillaban como regalos con coca.

El pueblo quedó sin alcalde y nadie reemplazó al militar. El juzgado cerró sus puertas y el pueblo no volvió a ver al cura. La "Mano Negra" se ha ido dijo la radio del lugar. La gente enfurecida se convirtió en una turba sin par.

El cuartel fue destruido y se quemó La Alcaldía. Las paredes del juzgado hoy recuerdan algunas algarabías. Aumentaron los entierros en el pueblo de los desalmados. Los mismos muertos que eran los reos, los enterraron como desnaturalizados en un solar de don nadie.

Una tumba comunal para el grupo de encapuchados y hasta los libros de cuentas llenó la tierra y el sembrado. Todos fueron culpables incluyendo a toda la prensa, porque permitió la masacre sin denunciar nunca a los culpables.

Hoy la costumbre pasó a otras manos y a otras mentes perversas, pero como nada se oculta a esos les llegará su cuenta. Y como se dice en nochebuena: "Quien desea vivir feliz debe respetar su propia vida y la misma vida ajena. Quien busca la muerte, su vida y la de los suyos, dependen de la revuelta.

Amar y dejar vivir no se aprende en la madrugada. Quien asesina a su gente, como a los puercos, les llega la retirada.

viernes, 20 de febrero de 2009

Y SE LLAMABA RICARDO

Por Leomas

García Cadena estaba llena de risas, juegos, caballos, ganado, trenes y cultivos. Allí en medio del silencio el joven visitante regó su plantío. Dos razas entrelazadas que no los dejan saludar y dos pueblos distantes de riquezas y del río. Tres ideas de familias, contrarias a los nuevos amigos.

El Hospital cerró sus puertas muy en la madrugada y el expreso automóvil llegó con gente muerta de frío. Subir al último piso les costó varios suspiros. Las enfermeras les dijo: Allí está él pero ya no siente escalofrío.

Sábanas blancas sobre su cuerpo, cubrían su rostro dorado. Su risa de ángel divino, llenó todos los vacios. Los médicos dijeron en coro: El ya no regresará al combate. Al ver la nueva mirada, sabían que la de él fue brillante.

No entendieron la crueldad de ese día inesperado y pensaron que el sol se detuvo. No comprendieron la gravedad y el mundo los hizo testigos. Lágrimas sobre el colchón y algunas sobre la almohada, regaban su parentela. Látigos en el corazón cayeron como centella.

La noche se hizo bien corta y la mañana llegó. Gritos desgarradores de su vieja, se escucharon en el balcón. Claveles sin el rocío hicieron algunas congojas. Un fuerte viento sembró oscura conmoción. Testigos de la tristeza estaban en todas partes y rosas fuertes y rojas, se esparcieron como diamantes.

Tristes quedaron los dolientes como águilas plateadas sin control. Hay palomas en la ventana dijo quien abría el postigo. Hay gente en el primer piso y todos lloraron de lástima.

El suelo dejó la jornada y el calor los hizo despertar. La sirena dió la retirada y cada llanto dejó de sonar. Hay hechos de causa en refriega, que niegan el ocaso azulado. Recorre cada suceso un hermoso manantial y aún en las noches frías, estás allí como oro sin lugar.

Cosas de la vida dice el poeta sin causa. Traiciones clama el pariente cuando no hay quien pague la fianza. Todos siguieron allí por horas esperando que despertara y alguién quiso decir: Esto no es un sueño y desde hoy habrá distancia.

Hoy está en la pared para siempre su hermoso y bello retrato.

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