lunes, 14 de febrero de 2011

CUCARACHAS TREPADORAS

Con dificultad intelectual y problemas en su locomoción, las feas y horribles animalitas, lograron ingresar a una escuelita primaria, en donde aprendieron a leer y escribir, con algo de geografía y matemáticas básicas. Con ayuda de expertos cucarachos provenientes de los verdosos cafetales vulcanizados, las crías organizaron bandas de músicos y orquestas baratas, que las hicieron aparecer famosas en ciudades planas y movieron su débil esqueleto, compitiendo con abejorros de la montaña y sabana. En masa se matricularon en colegios de bachillerato y escalaron la nefasta cuesta de los cucarrones de los tubérculos como plaga.

Una a una se fue perfilando candidata universitaria y al cabo de 20 años consecutivos, recibieron diplomas, estandartes y cartones, que fueron colocados en paredes de sus cavernas y en vallas publicitarias de sus cuevas, elaboradas por ratas que habían llegado de las ciénagas cercanas y que se habían escapado de las cárceles vetustas de los grillos de monte alto. Las débiles, se hicieron famosas y movieron su cadera cerca a las cuevas de moscos, recién llegados de la fosa de los cuervos y lograron conquistar a los asquerosos especímenes con ojos de monstruos de las oscuras profundidades.


La mezcla y el cruce de las dos especies animalescas, produjo como milagro una nueva raza de cucarachas alborotadas, que las llevó a debutar en cantinas nacionales con coronas reales, recibidas en otras plazas, en donde se confeccionaban con siliconas artificiales para los remiendos, los excesos de patas y jetas inventadas. Se dejaron llevar a otros sitios internacionales, al tratar con blancas abejorras que lucían prendas exclusivas de hadas secuestradas de la selva encantada.


Los grillos habían elaborado cosméticos y cremas, para maquillar sus cueros, senos y caras. Ellas aprovecharon el estudio de la química y se protegieron con ácidos camaleónicos, que las hicieron brillar, escondiendo sus patas, mañas y alas. Quedando muy parecidas a otras especies, que habían nacido en otras planicies, entre cambuches y chozas dentro de la jungla clasificada.


Los primeros cucarachos fueron sus huevos paridos en calles, avenidas y antros de cemento, que se habían construido lustros atrás entre pobreza, miseria, hambre y debajo de puentes ancianos de madera, que dejaron otros cucarachos invasores de territorios en donde el robo y sicariato era el pan de cada día en las jornadas. Las nuevas cucarachas crías llegaron con cadera pequeña y algo de derrier, como para mostrar encantos y siluetas recortadas. Sus críos también se miraron en espejos del contaminado rio y se dieron cuenta que sus glúteos eran algo parecidos a sus paisanas y que podían negociar, conquistando a los abejorros que en manada llegaban como turistas en busca de amadas cucarachas y amados cucarachos, entre romances y machucantes por nada.


Aparecieron rectangulares papeles perfectos y dorados, como si el adelanto superara a esos de mejor morada. La escuela se convirtió en fábricas clandestinas de falsificaciones y los periódicos de los grillos, regaron la noticia, que los clonados habían logrado superar el talento de los tramposos grillos con sus hierros. Entre rejas y alcantarillas, hicieron maquinas reproductoras de plásticos modernos, que volaron a otras naciones como si los científicos abejorros se hubieran detenido en el ocaso de la calzada.


Las autopistas de los buitres se llenaron de papeles verdes y con ellos compraron suntuosos vehículos, que se transportaban de la selva grisácea de los monos imperiales, a las cuevas de esas que poco a poco fueron conociendo el mármol y las lociones no putrefactas. Los reinados, fiestas, corridas y carnavales, al lado de matanzas lubricadas, llenaron las reuniones y las pandillas cucarachadas tenían sexo en todos los rincones, aumentando la población y convirtiendo las estepas en pistas nocturnas y desenfrenos de calzones y pantalones almidonados.


Los cucarachos inflaron sus alas y quisieron volar más alto que los abejorros marrones, que estaban gobernando los negocios desde otros horizontes y las ametralladoras llegaron recortadas a los salones de los grillos y la bala no pudo ser negociada. Grupos de cucarachos y grillos se disputaron los ilícitos y todos querían agarrar la mejor tajada. Todos en revuelta, morían en restaurantes, hoteles y hasta en moteles amancebados como novilladas. Los cuerpos aparecían como si la fiesta estuviera también enlutada. Hubo guerra sin cuartel en campo abierto y los genes inyectados enloquecieron a cucarachos y cucarachas idiotizadas.


Desde varias esquinas las balas se cruzaban y al lado de los picaros, morían otros sin sazón ni cebada. El fuego de los perversos aumentó la tragedia y las casas y edificios de los necios cucarrones, fueron devorados por llamas doradas. Los hospitales de los mariapalitos no alcanzaron para solucionar las heridas y en grupo desaparecían como tormenta olvidada. Los zánganos cucarachos habían aprendido a fabricar bombas y armas sofisticadas. Las empezaron a usar y murieron muchas y muchos, que estaban en contra de las clonadas. Como mercancía barata o jugo de tierra colada, alcanzaron a desaparecer los lideres entre carreteras amuralladas.


El orgullo y vanidad de las hembras, las hizo renovar sus ladrillos. Allí llegaron los murciélagos para devorar los virus y engendros, que estaban apostados como finos remedios. No hubo lugar para los muertos y en grupo de 100 en 100, se metían bajo tierra, quedando la desolación en las pobres que nunca habían poseído nada. Los descendientes que caminaban raro como novias alborotadas, escondieron sus apetitos, metiendo sus gustos entre armarios construidos con musgos y sin ninguna risotada.


Las cocinas cucarachadas, dejaron de oír chismes y calumnias, en donde de todo el mundo se rajaba y criticaba. Era costumbre no sostener nada. Empezaron a tomar conciencia que no se puede llegar lejos cuando la naturaleza es baja. Los mansos abejorros amarillos, guardaron sus espermas y no dejaron que sus semillas fueran clonadas. No volvieron a nacer cucarachas mixtas. La tierra y naturaleza les clavo una gran jugada. Todas salieron huyendo de la planicie encantada. Con cajas y bultos de desperdicios, atravesaron la jornada. Llegaron a Cuatro Esquinas y descansaron de sus huevos como pena enajenada.


Los pocos ancianos cucarachos y las pocas cucarachas viejas, se las ingeniaron para buscar ayuda y tuvieron que acudir a los científicos abejorros morados borrachos, que habían arribado al lugar del nororiente lejano. Tuvieron que empeñar sus alhajas de oro y plata para costear los servicios de la investigación genética de la nueva raza cucarachada. Uno de los estudiosos morados logró dar con el chiste y recomendó sacar los genes clonados de los animalitos y dejarlas como eran antes de la fiesta y del orgullo, que también había hecho su agosto por las calles carnavaladas.


La ciencia de los morados abejorros les preparó una pócima que debían tomar en proporciones iguales, las unas y los unos, para regresar a su pasado rastrero de cuevas y cavernas estiercoladas. La disciplina y simplicidad acompañó cada bebida entre llantos y sonrojos. A medida que la consumían iban cambiando el color de sus ojos, el cascaron y las patas. Dejaron de volar alto y perdieron el gusto y olfato por las cosas exquisitas de ciudades y junglas ensortijadas. Jamás volvieron a caminar y borraron de sus lentas mentes, las pasarelas, reinados, fiestas, carnavales, comilonas y francachelas.


Los otros animales involucionados, las vieron marchar en grupo y caravanas, como quien sale huyendo por el disparo de los grillos apestosos clonados. La pócima les hizo cambiar de silueta. Nuevamente entre gris y negro sus escasas alas, lucían como naturales sin jabones de nácar o perfumes sin gracia.


Grabaron para su futuro que tampoco sería eterno, la frase que las hizo diferentes ahora entre multitudes diversas, por el efecto del arco iris que se forma cuando pasan tempestades sin exageraciones ni suntuosidades: Es mejor ser una cucaracha verdadera que tener que imitar a las águilas en su vuelo y agilidad, o tratar de caminar con la elegancia de leones, tigres y sin querer ser nunca pantera perfumada.

martes, 8 de febrero de 2011

MOSCAS VOLADORAS

Por Leomas

Las moscas eran originarias de un lugar gobernado por ratas apestosas, con carranchil madrugador. Los ministros gobernantes de especies y familias diversas, entre comejenes, pulgas, niguas, garrapatas, chinches, piojos, gusanos, cafres, alacranes, escorpiones y víboras. Los decretos presidenciales para desintegrarlas y desaparecerlas, hicieron fumigar con tóxicos y ácidos, cada uno de los cambuches, espacios y potreros, donde vivían con huevos y crías. Ningún químico pudo con ellas para matarlas. Su naturaleza las hizo inmunes a las otras maldades y perversiones, que de sus congéneres habían heredado. Ni siquiera tenían modales para escupir sus propias diarreas y vómitos. Ellas transportaban en sus patas ciertas defensas, que repelían cualquier ataque con pequeñas alas y cilios blindados como locomotoras de magos y brujos.


Se las ingeniaron para sobrevivir usando alcantarillas, cuevas, huecos de grandes raíces, tumbas desocupadas y fosas comunes, escondidas aun en batallones de perros y lobos voraces. Algunas de ellas con sus cascarones y familias, se camuflaron con disfraces hechos por murciélagos europeos, para vivir incógnitas debajo de alas de indefensas aves, que las transportaban muy cerca a las oficinas de funcionarios, mercaderes, mercenarios y otros cruzados ratones comerciantes de harinas procesadas en la selva de los zorros, zorrillos, leones, tigres, hipopótamos, elefantes y panteras. Lograron contagiar de picardías novelescas a inocentes animalitos de la montaña plana encantada.


Muchas veces las sabandijas se metieron en tazas y vasos, de diplomáticos gorilas, cuando estos calmaban la sed o el hambre, con jugos de frutas que usurpaban a hormigas, que eran las únicas que trabajaban labores del campo y en plantaciones de hortalizas, legumbres y granos. Varios de sus hijos resultaron con diplomas que falsificaban en las calles de azules y rojos abejorros, y que exhibían con cinismo y prepotencia en los consultorios que sus antepasados habían construido para aparecer como doctores y científicos de altas alcurnias inventadas. Las mosquitas y mosquitos descendientes, eran feos y grotescos animalitos, expertos en negocios ilícitos y astutos para redactar leyes y reglas, que sometían a otros seres galácticos, con artimañas ventajosas. Algunos de sus parientes, habían ido al exterior de sus propias fronteras, para aprender otras mañas y costumbres, que se hicieron comunes en pueblos y caseríos del extenso y complicado territorio.


La doctoritis fue causa de escándalo, al comprobar que en las entrevistas, ninguna de las enmascaradas respondía los interrogantes. Afirmaban simplemente que se les había olvidado hasta la dirección del inmueble en donde ellas se habían especializado. Los jueces eran cucarachos mezclados y clonados con sangre de blancos abejorros, y de gusanos monos voladores. Las más listas se habían hecho escoltar por peligrosos grillos armados, que habían sido entrenados por extranjeros transportados en cajas de madera desde el norte y oriente. El gobierno lanzó un nuevo panfleto para desintegrar a las moscas definitivamente y dio órdenes por debajo de la mesa, para masacrar a gansos y patos, que eran defensores de la vida de todas las especies vivientes aun de las malvadas y dañinas sanguijuelas.


El ministro de gobierno planeó matar también a las avispas que eran criaturas inteligentes y castas. Estas pensaban a favor de la región entre sur y norte. Las mas intrépidas de las avispas, murieron lentamente con ráfagas de pistolas, revólveres, fusiles y ametralladoras, disparadas en las mismas edificaciones en donde ellas procesaban un especial alimento, que servía para mantener con comida fresca, al 90% de la población animal y que en forma abusiva, se exportaba a otros países pero nunca conocieron a donde iban a parar dinero y ganancias.


Los gobernantes se aliaron con zánganos y sancudos venenosos, para asesinar a toros, mulas y gatos. Estos eran espías de los mismos animales armados provenientes de naciones que fabricaban bombas y artefactos dañinos y peligrosos para el vuelo. Las avispas se alborotaron en su ingenio, y enviaron sendas cartas a los gobiernos vecinos buscando protección para ellas y sus familias. Las moscas tenían zapos con alas postizas como espías, para saber el quehacer de otros y otras. Una mañana de abril se enteraron de los audaces planes de esas que realmente volaban.


Moscas, patos, gansos, caballos, hormigas, cucarachas, zapos, gallinas y avispas, se confundieron cuando se dio entrada a los lugares de refugio con sendos documentos y nuevas cedulas identificadas. Las malandras moscas, fueron astutas y volaron debajo de las alas de palomas, turpiales, gavilanes, gaviotas, águilas y hasta dentro de plumas de golondrinas y otros pájaros que inocentemente las llevaron sin contratiempo. Algunas lograron falsificar sus pasaportes, haciéndose pasar por lideres comunitarios o ciudadanos animalescos honestos, que fueron pisoteados en sus derechos.


Las moscas inflaron sus buches y lograron pasar con tranquilidad varias de las fronteras vecinas, con sus cajas y ollas, y otras alcabalas de países amigos y solidarios con las avispas, patos y gansos. Allá en los potreros de otros territorios, pusieron sus huevos y se multiplicaron tanto, que los lagartos que gobernaban otras naciones, se vieron obligados a cerrar sus fronteras y construyeron rejas amuralladas. Varias de las hembras se aparearon con famosos abejorros, blancos, negros y amarillos. Nacieron nuevas especies de moscas y su naturaleza se hizo más peligrosa que sus ancestros en los nuevos territorios extranjeros.


Una aguja falsa de oro, confeccionó nuevos trajes a mezclados y clonados. Estos recibieron clases de glamur y etiqueta, bajo las orientaciones de escuálidos marinos, que nadaban raros, y se nutrían con sobrantes de peces espada. Las moscas refugiadas se inventaron historias de familias e hicieron creer, que ellas eran profesionales de alta envergadura y que debían tener trato igual al que recibían los diplomáticos chimpancés que habían sobresalido en oratoria, teatro y canto.


Cambiaron su abolengo y oscura estirpe, con cuentos de reyes, emperatrices, príncipes y personajes sobresalientes de la selva alcalinizada que nunca existieron. Algunas hasta se atrevieron a decir que eran hijas, de duendes y que tenían poder para hacerse invisibles y viajar a otras dimensiones con un sexto sentido para la tele génesis. Otras daban recetas y pócimas para el amor o fórmulas para la eterna juventud, que aun hoy en día no lo han logrado experimentar, los castos curíes que son los más estudiosos del sexo, entre todas las especies de la loca jungla.


Una tarde mientras las moscas ponían sus huevos en las cuevas improvisadas de las nuevas ciudades, explotó un tanque que almacenada un raro combustible gasóleo y que rápidamente se extendió por todos los puntos cardinales del continente alargado. Los primeros en morir fueron los moscos machos que estaban sobre los tejados de finas enredaderas y que se hicieron vistosos sobre elegantes orquídeas lisonjeras. Luego el gas apestoso, avivó la fuerza del mar y del viento, y aparecieron inundaciones y huracanes que barrieron las cuevas, y los hoyos en donde dormían esas que nunca habían trabajado, con sus formulas e incubadoras necias.


El mar sacó a la superficie los huevos con las madres moscas muertas. Los buitres almorzaron como nunca, con un manjar que esos creyeron exquisito. Aquello que no pudo los tóxicos, lo terminaron los cuervos más jóvenes como alimento para su futuro. El espectáculo era semejante a danza de prostíbulo barato de los gallos. El gas siguió su recorrido por el aire de sur a norte y poco a poco fue exterminando a todas las moscas aun a las cruzadas con abejorros blancos. Las pobres moscas morían sin derecho a un funeral común porque los chulos también estaban en aumento.


La tragedia fue mayor al cruzar el tóxico por encima de un terminal nuclear de lombrices muertas. Las dos fuentes se mezclaron y el terror se apoderó de oriente y occidente. Las moscas empezaron a morir en sus otras cuevas al otro lado del mar del conflicto amoroso de los abejorros grises. Nadie se daba cuenta del episodio porque los gobernantes con sus grillos armados, y anófeles voladores armados, trataban de frenar la macabra odisea de la muerte y desintegración hasta de cultivos lícitos.


Las aguas de los ríos y mares empezaron a ver cuerpos inertes de otros animales y gobernantes sobre su superficie. El aroma nauseabundo que deja la descomposición natural, hizo tétrica cada mañana con su tarde. Las noches se convirtieron en apestosas con sus aromas putrefactos sin rosas ni claveles. Los ríos se desbordaron, aumentando la desolación en los plantíos y barrios amurallados de los murciélagos.

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